Palabras de nuestro Consiliario

487

En el pasado cabildo general de cofrades, nuestro consiliario, D. Juan Torrecillas Cano, dirigió a los asistentes unas palabras durante las preces. Por la importancia de su mensaje y para que nos ayude a reflexionar, queremos darle hoy difusión y compartir sus palabras con todos.

Queridos Hermano Mayor, Junta Directiva y hermanos cofrades todos:

Siempre la celebración de una asamblea es un momento gozoso, donde esperamos vernos los más posibles y tener la oportunidad de saludarnos y preguntarnos por todo, hasta por la salud; sobre todo en estos tiempos extraños que vivimos acosados por esta pandemia.

Pero, además, en todas las asambleas se nos presentan proyectos que llevan detrás mucho esfuerzo y trabajo. No hace muchos días, en la última Junta de Gobierno, expresé mi alegría por lo mucho que yo aprendía viendo el trabajo, el entusiasmo y la sinceridad con la que ellos se expresaban. Sigo creyendo que esto es una bendición a la que hay que encauzar y dar la respuesta adecuada para que no se caiga en la inacción o en el desánimo.

Los proyectos, cuando se presentan y, por quienes lo han elaborado y presentado, esperan nuestra aportación siempre enriquecedora. De ahí la importancia del diálogo sosegado y sin crispación, las buenas intenciones, el respeto y la cortesía, que han de ser nuestro signo de identidad y así hemos de proceder.

Pero una vez realizado el diálogo y tomada la decisión, todos a una como una sola persona hemos de ponernos manos a la obra. Ya no es “el proyecto de la Junta Directiva”, ya es el proyecto de la Hermandad y hemos de ponernos todos al servicio del mismo, aportando cada uno, con entusiasmo, lo que esté en nuestras manos o en nuestras cualidades.

Junto a este pensamiento quiero agregar este otro. Quizás me lo habéis oído repetir muchas veces: es necesario un encuentro con las personas que un día se apuntaron como hermanos y, a lo mejor, ya no vienen más o sólo vienen el día de la procesión. Hemos de contagiar de entusiasmo a aquellos que un día dieron el paso de ser cofrades, pero que les falta el paso de la integración total, y ese ha de ser nuestro principal proyecto, de cuya realización se beneficiarán los demás.

Estamos en la era de la digitalización, del WhatsApp, correo, etc., pero no nos vemos. No nos dirigimos la Palabra mirándonos a los ojos y dándonos la oportunidad de decirnos que nos queremos y que queremos estar juntos. Está bien que nos mandemos el Evangelio, pero es mejor que nos leamos el Evangelio los unos a los otros y, sobre todo, que salgamos al encuentro del otro llamando a su puerta, no a su teléfono, para contarle que yo amo el Evangelio y, por eso lo amo a él y quiero estar junto a él, y que sin él la Cofradía está huérfana porque le falta alguien. Mientras que no esté él siempre andaremos faltos. Esto hay que decirlo y comunicarlo mirándonos a los ojos.

Por eso me gustaría que alguien trabajase también este plan: que nos indique cómo podemos y a qué casas ir, cómo nos tenemos que organizar y qué tiempo le podemos dedicar. Este proyecto es urgente porque si no, todos los demás estarán faltos de vida, que es la que proporciona el amor y el entusiasmo por compartir una fe común.

El programa está casi hecho, lo hemos escuchado: no vamos por nuestro gusto, sino en nombre de Dios, a casa de fieles y paganos, unos nos recibirán bien y otro mal, deseemos la paz a los que nos reciban bien y quedémonos con lo que nos den; vaya sólo con una túnica, sandalias y un bastón, pero sin dinero en la alforja y diciendo con alegría el Reino de Dios está ya entre nosotros. Nos lo hemos de creer y entusiasmarnos. El milagro será que la pertenencia a la Cofradía llenará nuestra vida porque, al compartir, yo me enriquezco.

Buen trabajo y dadle vueltas a esto que os acabo de decir a ver cómo se puede materializar poniéndolo en práctica: Proyecto de envío misionero.

Ilmo. Sr. Dr. D. Juan Torrecillas Cano