Pablo Cortés del Pueblo entrega las pinturas de las nuevas bocinas

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En el cabildo general de cofrades del pasado 28 de julio, el Mayordomo General, José Antonio Peralta Ruiz informó a la asamblea sobre un proyecto que en ese momento ya estaba en ejecución: la transformación en paños de bocina de cuatro paños interiores de las antiguas bambalinas.

Aunque la idea inicial era utilizar estos paños en el actual paso, la diferencia de calidad que presentaban con respecto a las nuevas piezas bordadas ha hecho que esa opción no haya sido posible. Por eso se decidió finalmente encargar nuevos paños interiores para las bambalinas, y reaprovechar cuatro de los antiguos para adaptarlos a paños de bocina. De esta forma, esas piezas, que fueron realizadas en el taller de bordado de Salteras, podrán conservarse con su diseño original, pero con un nuevo uso, como elementos históricos del patrimonio textil de la Hermandad, gracias a la adaptación que realizará el bordador Jesús Arco López.

Las bocinas se enriquecerán con cuatro magníficas pinturas de pequeño formato -acrílico sobre lienzo, de 22x27cm.- obra de Pablo Cortés del Pueblo y sufragadas por cuatro familias de hermanos, y que ya han sido entregadas a la Cofradía por su autor.

Con un estilo a caballo entre el Barroco de Valdés Leal y el Academicismo decimonónico, se trata de cuatro escenas de la Vida del Señor y de la Stma. Virgen, en las que el protagonista de la escena aparece siempre en el centro, coronado por una aureola, buscando darle el mayor protagonismo posible dentro del pequeño formato. Además, para personalizar la obra e intentando aportarle un mayor valor simbólico, todas las escenas se encuentran ambientadas en paisajes y escenarios almerienses fácilmente reconocibles.

Estamos convencidos de que una vez que estén las bocinas finalizadas y las pinturas incorporadas a los paños, se convertirán en un elemento clave dentro del patrimonio de nuestra Hermandad. A continuación, describimos cada pintura en palabras de su autor.

Sección del Señor de la Oración

El sermón de la montaña

«Para muchos, esta escena es considerada como una de las más importantes en la vida pública de Jesús, dado que contiene las disciplinas principales del Cristianismo. En este caso situé la localización en el Cerro de San Cristóbal, desde donde pueden verse la Hoya y la Alcazaba almeriense. La escena presenta a Cristo enseñando a sus seguidores la oración más conocida por los cristianos, el Padre Nuestro, y de ahí la posición de las manos de todos los personajes».

El Niño perdido y hallado en el Templo

«La historia cuenta cómo, tras tres días de búsqueda, María y José encontraron a Jesús departiendo junto a los sabios y doctores del Templo, quienes habían quedado sorprendidos con los conocimientos teológicos del joven Cristo, que por entonces tendría doce años. En este caso, la escena se desarrolla en el coro de la Catedral de Almería, donde Jesús debate con un sacerdote que le muestra las Escrituras, mientras el resto escucha atentamente. María se abraza a José al encontrar por fin a su Hijo, y ambos miran sorprendidos la escena.

En esta ocasión he jugado con la luz para crear profundidades. Así, San José y la Virgen, que se encuentran fuera del plano, se presentan más oscuros; mientras que todo se va iluminando conforme nos acercamos a Cristo, que es el gran foco de la escena. De esta manera se pretende simbolizar la sabiduría de Jesús, que lo ilumina todo«.

Sección de Ntra. Sra. del Amor y la Esperanza

Las bodas de Caná

«Para esta pieza busqué inspiración en la obra del sevillano Valdés Leal. El escenario elegido ha sido la Plaza Vieja o Plaza de la Constitución, donde, jugando con las perspectivas, Jesús y María se constituyen en el centro de la escena. Él, sentado a la mesa, y Ella, de pie junto a el, cogiéndole del brazo mientras mira, atenta, cómo su hijo obra el milagro. Al fondo, a la izquierda, se puede vislumbrar el monumento a los Coloraos que se encuentra en esta conocida plaza almeriense«.

Pentecostés

«La última escena corresponde a Pentecostés, ubicada en el torno del monasterio de las Puras, orden muy vinculada a la Hermandad, donde la Virgen y los apóstoles se agolpan en la habitación, sorprendidos por la irrupción del Espíritu Santo. María, de pie, en el centro de la escena, extiende su mano izquierda identificando al Espíritu Santo en los pétalos de rosa que caen sobre ellos, con los que se quiere simbolizar la inteligencia y la fortaleza, dos de los siete dones del Espíritu Santo«.