Triduo
En el día en que damos comienzo a los Solemnes Cultos en honor a nuestra Titular, la Virgen del Amor y la Esperanza, se presenta el altar efímero concebido expresamente para el tiempo de gracia que vive la Iglesia Universal.
Nos encontramos en la recta final del Año Jubilar de la Esperanza, un tiempo extraordinario que clausuraremos el próximo 6 de enero con el cierre de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro. Por ello, todo el montaje de priostía de este año gira en torno a esa idea: María como umbral y camino hacia la Salvación.
Para esta ocasión, se ha transformado la fisonomía habitual de nuestro dosel de cultos. Se han retirado las cresterías laterales y se ha añadido una delicada guirnalda superior, modificando su arquitectura para que evoque visualmente un pórtico, una puerta abierta. La Virgen se nos presenta así como la verdadera Puerta del Cielo, aquella por la que entró la Luz al mundo y por la que nosotros accedemos a la gracia.
A las plantas de la Virgen, una escalinata dirige nuestra mirada hacia Ella. Inspirada en el pasaje bíblico del sueño de Jacob, vemos cómo unos pequeños ángeles ascienden por los peldaños. Esta alegoría nos recuerda que la Virgen es la escala mística que une la tierra con el cielo, el medio seguro para elevarnos hacia lo divino.
En perfecta armonía con la arquitectura y la escalinata, la candelería se ha dispuesto de forma marcadamente ascensional para guiar el ojo del fiel hacia arriba, convergiendo en la imagen de la Virgen del Amor y la Esperanza. Ella es el vehículo, la mediadora que, a través de la virtud de la Esperanza, nos conduce inevitablemente al encuentro con Dios y a la salvación eterna.
Para completar el conjunto, se ha optado por un exorno floral de corte romántico donde la rosa blanca es la absoluta protagonista, simbolizando la pureza inmaculada de María, que nos espera con los brazos abiertos en este altar.


Felicitación
Este año, la meditación que venimos realizando en las últimas vísperas del 18 de diciembre estuvo a cargo de María García Sánchez, hermana de la Hermandad de la Santa Cena y colaboradora habitual de la Diputación de Caridad y del taller de costura.
En este momento de reflexión, escuchamos a María hablar de su madre en la tierra y de su madre en el cielo, agradeciendo a ambas todo lo que le dan.

Besamanos
La mañana del 18 de diciembre, Ntra. Sra. del Amor y la Esperanza amanecía a los pies del altar. En el mismo lugar donde se encontrara la Santísima Virgen durante las tres jornadas de Triduo, se dispuso una ráfaga del Espíritu Santo, de la que parten unos rayos flamígeros, cedida generosamente por las Hermanas del Hogar Santa Teresa de Jornet. Además, se ubicó a la Sagrada Imagen sobre moqueta burdeos y una bella alfombra que conducía directamente hasta sus plantas. Remataba este marco espacial un pequeño friso que perimetraba el frente del besamanos y dos grandes jarras de flor que escoltaban a Nuestra Señora.

Donaciones
La mañana del 18 de diciembre, Ntra. Sra. del Amor y la Esperanza recibió la donación de un antiguo pañuelo de encaje hecho a mano con centro de organza bordada en seda, en acción de gracias.

Vestimenta
En cuanto a la vestimenta, Ntra. Sra. del Amor y la Esperanza fue ataviada de Reina para los solemnes cultos que celebramos en su honor.
Portaba la saya regia bordada en oro fino sobre tisú de plata y manto de terciopelo verde bordado a juego del taller de Jesús Arco, y en su cintura, el fajín de Teniente General. Sobre sus sienes portaba la corona de plata sobredorada del taller de Jesús Domínguez.
Lucía como tocado una blonda compuesta por diferentes encajes de Bruselas en tonos beige, enmarcado por concha de oro. Llevaba puños de punto de aguja y concha de oro, y un fino pañuelo de encaje de Bruselas en sintonía con el tocado.
Entre sus alhajas, destacaban la cruz pectoral de plata chapada en oro y esmaltes al fuego, broche de la amatista, camafeo del Señor de la Oración, rosa de la pasión, ancla de oro, entre otras.

