Adiós a n.h. D. Antonio Romera Hernández

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El pasado martes 11 de julio fallecía n.h. D. Antonio Romera después de unos años de enfermedad.

De todas las cosas buenas que podrían decirse de él, solo tenemos palabras para recordar la gran devoción que siempre profesó a Ntra. Sra. del Amor y la Esperanza y que extendió en todos sus años de sacerdocio.

Gracias a la generosidad de nuestro Obispo, reproducimos aquí la homilia que D. Antonio Góméz Cantero predicó en su funeral celebrado en la parroquia de San Ildefonso.

Rogamos una oración por el alma de D. Antonio Romera para que, ahora que goza de la presencia del Padre, interceda por todos sus hermanos Estudiantes ante Él.

Descanse en paz.

Fotografías de Javier Tortosa. Triduo de Ntra. Sra. del Amor y la Esperanza 2019

Homilía de las Exequias de D. Antonio Romera.

Queridos Matilde y Rafael, hermanos de D. ANTONIO: queridos sobrinos y familiares. Hermanos en el sacerdocio y el diaconado, religiosos y religiosas, queridos fieles que habéis venido a acompañar a D. ANTONIO, porque él pasó por vuestras vidas como el Pastor Bueno que el Señor puso un día en vuestro camino. Sobre todo, a los fieles de san Ildefonso, su última parroquia, a su párroco y a sus hermandades. Un recuerdo especial a todos los que me habéis escrito, seglares y sacerdotes que por diversas causas no podéis acompañarnos ahora. Hermanas y hermanos todos.

Hoy traemos a D. ANTONIO a esta parroquia de San Ildefonso, tan querida para él. Y hemos colocado su cuerpo mirando hacia el Pueblo Santo de Dios, le hemos revestido de la casulla, que le fue impuesta por primera vez el día de su ordenación sacerdotal y que los sacerdotes nos revestimos como quien acoge sobre sus hombros a todo el pueblo a él encomendado, poco después de la oración de consagración: “Te pedimos Padre todo poderoso que confieras a este siervo tuyo la dignidad del presbiterado; renueva en su corazón el espíritu de Santidad, reciba de ti el sacerdocio, sincero colaborador del Orden Episcopal, sea su conducta ejemplo de vida, para que la Palabra del Evangelio llegue a toda la tierra, y todos congregados en Cristo formen el pueblo santo de Dios”. Y sobre su cuerpo hemos dejado reposar la Palabra de Dios, ese mismo Evangelio que tenemos la misión de llevar a todos.

D. ANTONIO, hijo de Antonio y de Rosario, nació en Almería el trece de noviembre de 1949, aunque sus raíces familiares provienen de Fondón, al amparo de nuestra Madre de las Angustias que allí se venera. Creció en la fe cerca de la Catedral y en la Hermandad de Estudiantes, hasta que sintió la llamada del Señor al sacerdocio, y dejándolo todo, ingresó en el Seminario Mayor de Almería, por entonces ubicado en Granada.

El Obispo don Manuel Casares lo ordenó de Diácono el 3 de julio de 1985 en la Parroquia de San Pedro Apóstol de Almería, recibiendo de sus manos la Ordenación sacerdotal el 30 de junio del 1986, en nuestra Catedral de la Encarnación de Almería. 37 años de sacerdocio entre nosotros.

Ejerció su ministerio en este rosario de parroquias y en diversas responsabilidades que os voy a ir desgranando, aún a sabiendas que quizás algunas se me pueden olvidar o me salte de línea en su lectura:

  • Párroco de San Juan Bautista de Alboloduy y encargado de San Agustín en Santa Cruz de Marchena y de Santa María Magdalena de Alsodux.
  • En 1990 don Rosendo Álvarez lo envió a Berja como como Rector del Santuario de la Virgen de Gádor y párroco de las parroquias de San Roque, Santa María de Hirmes, San Isidro de Alcaudique y del Cristo del Consuelo en Lucainena de Darrícal y del Santo Ángel Custodio en Darrícal.
  • Dos años más tarde fue elegido Arcipreste de la zona lo que le permitió conocer bien a las gentes y los pueblos de esta zona de la Alpujarra.
  • Durante este tiempo desempeñó también su labor como profesor de religión en el Instituto de Berja. Es recordado en todas las comunidades en las que sido pastor por su buen humor, su sonrisa y su entrega y cercanía a los fieles.
  • Durante un curso atendió las parroquias de Vícar y Puebla de Vícar, mientras realizaba estudios en la Universidad Pontifica de Salamanca.
  • A su regreso, en 1997 fue destinado como párroco a las parroquias de Santa María de Cantoria, San Antonio de Padua de Partaloa y Nuestra Señora del Rosario de Armuña de Almanzora, siendo también en este tiempo profesor de religión en el Instituto de Cantoria.
  • En el año 2004 D. Antonio pasó a Roquetas de Mar, donde fue nombrado párroco de San Juan Bautista, y administrador parroquial de La Inmaculada Concepción de Cortijos de Marín y de la Encarnación de Felíx, atendiendo también un tiempo la capilla de la Virgen de los Vientos de la Urbanización de Roquetas de Mar.
  • En 2014 fue nombrado párroco de San Ildefonso en Almería capital y Capellán del Noviciado de las Religiosas Siervas de los Pobres, Hijas del Sagrado Corazón de Jesús de Almería, siendo también un año Administrador parroquial de San Francisco de Asís de Almería.
  • Tengo presente a la Renovación Carismática de la que formó parte. Hoy en estas exequias su coro nos acompaña.

Como veis una vida plena dedicada a los demás. Esta es su corona. Esta es la única corona de los diáconos, sacerdotes y obispos, y de todos los bautizados, entregarnos desinteresadamente a los demás. El resto se hace polvo y se difumina en el tiempo. El servicio como manifestación del Amor de Dios es la única corona de la salvación.

Todos reconocemos, que nuestro querido D. ANTONIO fue un buen sacerdote, profesor y ejemplo de sencillez y bondad para muchos de nosotros. Yo le he conocido los últimos meses de su vida y me hablaba con una serena profundidad. Pasó por esta diócesis, como un sacerdote capaz, un hombre de fe y gran testigo del evangelio (me escribíais algún laico ayer). Algunos, que fuisteis “sus jóvenes”, me contabais: es un hombre de fe, en la vanguardia, generoso, con un gran espíritu de acogida, siempre entregado sin pedir nunca nada a cambio. Algún sacerdote me decíais: siempre preocupado por hacer lo mejor posible la tarea que se le había encomendado. Nunca buscó nada, sólo entregarse.

A finales de 2021 el avance de su enfermedad comenzó a limitar sensiblemente su organismo y su actividad pastoral, lo que le llevó a unirse a la cruz del Señor viviendo así su ministerio como nos lo dijo hace unos días, cuando estuvimos a visitarle, el Vicario general y yo. Al final, fue lentamente gastándose, en su casa, con su hermana y su sobrina, que con tanto mimo le han cuidado.

Me doy cuenta que este evangelio que acabamos de proclamar, del Buen Pastor, es el misterio sobre el que gravita también la vida de todo sacerdote, de cada uno y de todos los que aquí estamos, también de D. ANTONIO, al que estamos despidiendo hoy y acompañando a su familia en este momento de dolor y de esperanza.

El fragmento que hemos escuchado presenta una característica curiosa: son cuatro frases y en cada una de ellas se subraya una contraposición entre dos tipos de pastores, uno bueno y otro malo. Del pastor bueno se dice que es el pastor de las ovejas, que entra en el recinto por la puerta, conoce a las ovejas y las ovejas le siguen, y da la vida por ellas. Del asalariado se dice que es ladrón y bandido, salta por encima del muro y es un extraño para las ovejas; las ovejas le huyen y él las roba y las mata.

Nosotros, que somos bautizados, creemos que sólo Jesús puede ser nuestro guía definitivo, como lo creía D. ANTONIO, porque sólo él nos exige libertad, porque sólo desde él aprendemos a vivir. Precisamente el cristiano es la persona que desde Jesús va descubriendo día a día cual es la manera más humana de vivir.

Seguimos a Jesús como el Buen Pastor, para asumir las actitudes fundamentales que él vivió en esta tierra: vivir la voluntad del Padre, y esforzarnos a vivirla desde nuestra propia originalidad. Jesús no quiere imitadores sino seguidores y discípulos. Comprended que nuestra imitación de Jesús sería ridícula. El mandato del amor es un diamante de muchas caras, donde tú te puedes realizar y encontrar la felicidad desde tu propia originalidad.

El texto del Buen Pastor, me trae a la memoria una llamada, dirigida a todos, de unos versos de Dante en la Divina Comedia:

Sed cristianos, y moveros con seguridad,
no seáis como una pluma al viento,
no intentéis lavaros en todas las aguas.
Tenéis el Nuevo y el Antiguo Testamento,
y el Buen Pastor que os sirve de guía,
que es suficiente para vuestra salvación…
Personas sois y no ovejas locas…

Paraíso V, 72-80

Querido D. ANTONIO, creemos contigo: “En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección, y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad” … que, cogido de la mano de Santa María, la Virgen Madre, seas llevado, hasta Cristo, quien tanto te amó y dio su vida por ti, para que llegues al encuentro definitivo con Dios, el Padre de la Misericordia. Amén.

+ Antonio Gómez Cantero, vuestro Obispo