75 años de Amor y Esperanza: Exaltación a Ntra. Sra. del Amor y la Esperanza

Por Cristóbal Cervantes Hernández

348

Con la publicación de la Exaltación que tuvo lugar el pasado 11 de diciembre en el trascoro de la S. y A.I. Catedral cerramos el ciclo de artículos mensuales que, a través de pinceladas de historia de la imagen y de la propia Hermandad, han venido a resaltar el 75º aniversario de la bendición de Ntra. Sra. del Amor y la Esperanza.

Gracias a todos los hermanos y amigos que, a través de textos e imágenes, han logrado que estas publicaciones hayan formado un magnífico espacio de conmemoración.

—-

Con los sones de la marcha «Virgen de los Estudiantes«, de Abel Moreno, se iniciaba un acto que estuvo mantenido por n.h. David Berenguel Hernández, quien dio paso al periodista Álvaro Hernández para que realizara la presentación de Cristóbal Cervantes (leer Presentación del exaltador)

EXALTACIÓN

«75 AÑOS DE AMOR Y ESPERANZA»

75 AÑOS EN ALMERÍA

¡Quién le iba a decir a aquél crío que jugaba en la plaza de la Catedral que un día entraría aquí para hablarte en tu 75 Cumpleaños y verte así tan cerca y tan guapa!

Cómo olvidar esta noche que los alumnos del Diocesano gozamos del privilegio de tener por patio de recreo la mismísima plaza de la Catedral.

¡Ay, José Luis Cantón, aquellos años del Colegio Diocesano! Hoy el arcón revuelto de la memoria me trae nombres y recuerdos. El de D. Pedro Vilches y D. Pedro Collado en Matemáticas, D. Gonzalo en Geografía, Doña Inmaculada Romacho en Química, D. Juan Pizarro en Ciencias Naturales,  D. Antonio, en francés, al que llamamos “mesié”  y que fue Canónigo de esta Catedral, D. Bartolomé Marín en Historia…

Cuántas Historias. Con todos ellos tengo la asignatura pendiente de la gratitud por todo lo que me enseñaron y por todo lo que aprendí. Y si no las he dado cuando correspondía, hoy desde este sitio solemne, gracias. Muchas gracias.

Gracias, Álvaro, por decir todo eso de mí. No sabes cómo reconforta tener la certeza de que el presente y el futuro del oficio al que he dedicado mi vida están en buenas manos con periodistas como Álvaro Hernández. Tienes mi admiración, mi reconocimiento y mi gratitud.

Y ahora, dejadme que hable con Ella un poquito, que para eso he venido.

 EL AMOR Y EL TIEMPO

Virgen del Amor y la Esperanza, hoy especialmente comprendo que en tu nombre se encuentran, como en una pirueta, la noche y el día, la luz y la sombra. Hoy, Virgen de los Estudiantes, he querido que sean esas notas musicales del Maestro Abel Moreno, las que pongan el principio de esta noche que tantos días he soñado. Gaudeamus. Alegrémonos por encontrarnos aquí esta noche. Gracias, Beatriz Gómez y Alberto Asensio por poner música a las palabras y a los sentimientos en el más bello auditorio de Almería. Sagrado Auditorio.

Es ahora cuando, vestido de la emoción que me ha traído Diciembre en este tiempo de incertidumbre que nunca se acaba, me pongo ante Ti, impresionado mientras oigo resonar mi voz en estas naves catedralicias, que acogieron el eco de tantas palabras, de tanta fe de siglos. De tanta Esperanza.

Llegaste desde Sevilla, como yo esta noche. Sé que te hizo Castillo Lastrucci, como tallara antes al Cristo de la Luz de Dalias, a la Virgen del Consuelo el mismo año que a ti y después a San Nicolás y a la Purísima Concepción de Alhama y María Santísima de la Esperanza de Huércal-Overa. Sin olvidar, imposible hacerlo, la Virgen del Mar que se venera en la Iglesia de la Misericordia de Sevilla.

Hasta allí vamos esta noche. A la calle San Vicente, numero 52, muy cerca de donde vive el que todo lo Puede. Allí, D. Mario López Rodríguez encarga al famoso imaginero “una Dolorosa en madera tallada y policromada.” Aquí tengo una copia del contrato por el precio convenido de 3.000 pesetas. Se establece que la talla debía estar terminada para finales de Marzo del año 1946.  El triángulo negro en la parte superior expresa el luto por la reciente muerte de la madre del imaginero, Araceli. El nombre del barrio de mi infancia.

Sé que el maestro apuró los plazos y que llegaste justo para tu bendición. Pero, si te sirve de consuelo y aunque no tuviste la culpa, déjame decirte que en Almería estamos acostumbrados, que no resignados, a los retrasos.

Pero llegaste para llenar de Amor y Esperanza aquella Almería, que se decía y se dice aún lejana. Aquí, en esta Iglesia Catedral, ¿te acuerdas?, fuiste bendecida el 13 de abril de 1946.

¡Qué año!

En Polonia, un joven seminarista, Karol Wojtyła, es ordenado sacerdote. Con el tiempo llegó a ser Papa. El único Papa que ha visitado Andalucía. En dos ocasiones, además. Hoy, San Juan Pablo II.

Sale por vez primera bajo palio María Santísima de las Angustias, de la Hermandad de Los Estudiantes de Sevilla.

En Almería, se ultiman los detalles para la constitución, pocos meses después, de la Agrupación de Hermandades y Cofradías.

Jesús de Perceval talla la imagen del Cristo del Amor y, también, la de San Juan Evangelista para la Hermandad de la Soledad.

En la Iglesia de San Agustín, se crea la Hermandad del Silencio con la imagen de María Santísima del Consuelo, obra de Castillo Lastrucci.

El Ayuntamiento Hispalense aprueba conceder el título de “Mariana” a la ciudad, por iniciativa de la Hermandad de San Bernardo.

Y desde esa mariana ciudad en el Guadalquivir, el río que quiso ser mar, llega a orillas del Mediterráneo, a Almería, Nuestra Señora del Amor y la Esperanza.

Qué trabajico costó que el Cabildo de la época permitiera que te llamáramos del Amor. Pero ese era, es y será tu nombre.

Y cuánto trabajo sacar adelante lo que solo era un sueño porque, a pesar de no tener apenas nada ni ser muchos, la ilusión de aquellos jóvenes almerienses, menores de edad la mayoría, mantuvo constante la cita de los Estudiantes cada Miércoles Santo.

Cómo no recordar hoy a D. Juan López que convirtió esta Catedral en lugar de acogida para tantos cofrades y germen de Hermandades.

La Catedral, casa de Amor y Esperanza.

La Esperanza que, lo creo firmemente, no es lo último. Lo he dicho muchas veces. La Esperanza no es un clavo ardiendo al que asirse porque “es lo último que se pierde”. No. La esperanza es proa que nos permite avanzar. Es la vela de nuestra barca. El viento que nos impulsa. No es lo último. Es siempre lo primero.

Como primera fue nuestra Esperanza de los Estudiantes en ir bajo palio al encuentro de Almería. Y primera en realizar  su estación de penitencia con costaleros.

La primera en la historia a la hora de escribir el capítulo de retransmisiones de la Semana Santa de Almería. También para este periodista.

Lo he contado alguna vez, pero, Hermano Mayor, querido Antonio, hoy tiene más sentido que nunca.

Tendría yo poco más de quince años cuando pedí al director de Radio Juventud ofrecer en directo el paso de la Cofradía de Los Estudiantes por la puerta de la emisora.

Recuerdo que el “complejo dispositivo técnico”,  ideado por el inolvidable Antonio Sánchez,  consistió en unir metros de cables que desembocaban en un micrófono que, cruzando la ventana de la calle Cervantes, se constituía en una Unidad Móvil capaz de emitir para Almería lo que iba a pasar por allí. Y lo que iba a pasar por la calle Cervantes era el prodigio de Antonio Castillo Lastrucci. La Virgen del Amor y la Esperanza.

La noche en la que el micrófono de Radio Juventud formó parte del Cortejo que venía desde la Catedral a llenar de Amor y Esperanza las calles de Almería. Eran aquellos años, mediados de los 70, cuando nuestras Cofradías vivían sus horas más bajas y cuando la Hermandad de los Estudiantes fue la única que no faltó a su cita con los almerienses cada Miércoles Santo. La Radio estuvo allí.

Estamos aquí.

En la Catedral de Almería donde un día recibí el sacramento de la Confirmación de manos del querido e inolvidable D. Angel Suquía. Se cumplen ahora 55 años de su ordenación episcopal y 15 de su muerte. Un obispo que se encontró con no pocos problemas en aquella Almería de 1966. La estructura de esta iglesia catedral estaba muy deteriorada y hubo que proceder a importantes obras de restauración. Faltaban parroquias, especialmente en los barrios más pobres. Se edificó una escuela, a cargo de la diócesis, y se levantaron viviendas en un solar que regaló el obispado en la barriada de la Chanca…

Un día me encontré con él en Santiago de Compostela y me dijo que de Almería recordaba la luz, pero sobre todo la luz de la mirada limpia de su gente. ¡Inolvidable D. Angel Suquía, que escogió para su ordenación episcopal el día de la Virgen del Carmen y en su primera Cruz pectoral estuvo para quedarse cerca de su corazón por siempre, la Virgen del Mar!

Gracias, querida Conchita, flamante Hermana Mayor de la Hermandad de la Patrona por acompañarnos esta noche. Qué honor y qué privilegio el tuyo servir a nuestra Madre de Almería.

“En mi corazón hay una puerta abierta de par en par por donde a raudales se va colando Almería, esta tierra y estas gentes bendecidas por María Santísima”, dijo hace unos meses aquí en esta Catedral el ya Obispo de la Diócesis, D. Antonio Gómez Cantero, al que mando un abrazo. Necesitamos pastores como él, cercano, con ganas de aprender y escuchar y hablando nuestro mismo idioma. El de la gente sencilla, y es que las palabras de su vida han sido y son la simplicidad, la humildad, el esfuerzo y la alegría.

Ella es siempre la causa de nuestra alegría.  “Ánimo y adelante”, como dice, D. Antonio. Querido Obispo.

Hoy debo contradecir a un filósofo, que a toda página de un periódico en los años ochenta aseguraba: “hay prisa por decir una palabra sobre el amor”. Aquí, ante María de la Esperanza, no cabe el ajetreo de estos días, la prisa de las mañanas ni el ir y venir de las tardes, porque ninguno de esos caminos, quizás, nos puede acercar a Ella como me han traído a mí.

He procurado, Virgen de los que aman y esperan -que es decir la misma cosa- he procurado que no tengas que esperarme, como sí hicieron tus hijos, cuando abril de 1946 era una vía de tren por la que tenías que llegar, y parecía que nunca era el momento. ¡Qué prisa teníamos entonces, por hablar del Amor…y hablar de la Esperanza! Seguramente porque hace 75 años, hoy, mañana y siempre, necesitamos con urgencia Amor y Esperanza.

Andrés Pérez, el sacerdote, Mario López, el secretario del Gobierno Civil, el Hermano Mayor Francisco Saiz, José López-Gay… ¡Cuánto labraron y trazaron sabiendo esperar!

Ellos mismos se dieron hasta diez años de margen para fundar en Sevilla otra de mis Hermandades, la filial de la Patrona en la ciudad de la Giralda. El mismo taller, la misma tertulia, la misma copa de vino y el mismo amor a María…todo tan despacio, todo tan urgente.

Abril de 1946, y vosotros empezando a amar… sabiendo esperar. Ella, que nos mira y nos bendice sabiendo lo que somos y lo que tenemos, nos invita a esperar…pero amando siempre. Porque el amor es un contador de tiempo, una forma de medir los tiempos, y hay tiempos que sólo puede modelarlos, a paso de torno en las vueltas de la vida… el amor, y eso lo sabe bien la que es Patrona de los Alfareros.

Ella cambió el barro de la creación primera por la madera de Pino Flandes con que Castillo Lastrucci la soñó en la calle San Vicente de Sevilla. Sólo tres lágrimas, como queriendo amortiguar el sufrimiento de lo que la vida le había obligado a vivir.

Tú fuiste conversación de todos en aquel Instituto de siempre, el Instituto de la calle Javier Sanz, donde daba clase la señorita Celia Viñas, la de los teatros que todos entendían y la rima sencilla, aquella mujer catalana que supo ser almeriense donde la trajo la vida.

Ella, mientras el Cabildo discutía acerca de cómo tendrías que ser llamada, lo tuvo claro. Unos decían que no eran tiempos para hablar de amor; la señorita Celia te proclamó “Virgen del Amor Hermoso y la Esperanza”. Con ella y sus palabras yo te proclamo hoy “Virgen Hermosa del Amor y la Esperanza”. 

 EL CÁNCER: EL AMOR SIN TIEMPO

Hay amores a los que el tiempo, Virgen de la Esperanza y el Amor, pone en un callejón sin salida. En 2001, la poetisa Carmen Martín Gaite se atrevió a describir con palabras esa misma impresión en sus versos: “Ya sé que no hay salida, pero dejad que siga por aquí. No me pidáis que vuelva. Se han clavado mis ojos y mi carne, y no puedo volver. Y no quiero volver”.

Hay amores sin tiempo que no pueden volver. Que cabalgan en lo infinito de su cercano ocaso, como el sol cuando despereza su amarillo de oro y de centella sobre el mar de Almería. Los enfermos de Cáncer son los hijos del Amor y la Esperanza. Son los que aman sin tiempo, porque el tiempo les ha vuelto la cara; los que aman sin tiempo, porque han conseguido vencerlo.

Cuando el cáncer parecía que había de ser el arma más destructora, llegó la pandemia que aún vivimos, y nos demostró que lo más valioso es el tiempo en que se ama.

Hasta en la pandemia has sido, como siempre, Madre y Maestra. En la Oración, en el Amor y la Esperanza, tu nombre ha sido canción en los labios de la Tuna Universitaria, que tantas veces rezó con sus coplas a la Reina de aquellos estudiantes que, desde el Instituto, soñaban hacerse mayores fundando una cofradía que no tuviera fin, que no fuera un sueño de juventud mal entendido.

Lo vuestro, cofrades de los Estudiantes es amor sin tiempo.

El amor no quiere saber nada de tiempo: los que se aman temen que llegue la hora de separarse.

Los que aman, como te aman tus hijos, no dejaron de soñar y en aquel 1944, cuando el amor no estaba en tiempo ni en temporada, y sólo tocaba sobrevivir, pusisteis ante vuestros ojos la única escena de la Pasión en la que Cristo hace aprecio del tiempo terreno: “No habéis podido velar ni una hora conmigo”.

Hoy nos hemos venido a velar, por una hora, ante su Madre del Amor y la Esperanza. Velamos, para que el tiempo se nos amolde como lo hacen en su clausura las Concepcionistas Franciscanas, las Puras de Almería. Ellas tienen en sus manos, en la clausura en la que habitan, gozosamente, el amor sin tiempo. El tiempo con amor. El tiempo del amor. 

EL AMOR QUE SE CONSAGRA

Las Puras piden a la Hermandad que les retorne la Inmaculada que procesiona cada Miércoles Santo en la delantera de su palio. ¿Qué tiene esa imagen que cualquier otra no tuviera?

El amor sin tiempo. Porque, cuando vuelve al convento, la Concepción es más Amor y Esperanza que nunca. Huele a Ella y, si pudiera saborearse, sabría a Ella, como saben a Dios y a gloria los dulces de convento, tan dulces como las vidas que los llenan, las sonrisas que comparten con vosotros cuando el otro día, 8 de diciembre, hacéis vuestra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Ellas saben que el amor sin tiempo existe cuando la Madre del Amor y la Esperanza traspasa la clausura, como ya lo hizo en dos ocasiones y… nunca es tarde para que regrese a donde ya estuviera.

Porque a la tercera, siempre vence el amor. Y el amor siempre llega a tiempo donde es más necesario. El amor llega cuando es necesario.

Venid conmigo al Amor y a la Esperanza de sus ojos, de sus manos tendidas, de la blancura original de aquel primer traje de novia de Carmen Belda, que todavía hoy puede contemplar, con mirada ilusionada, a dónde era capaz de llegar el sueño de su marido, al que dio el “Sí quiero” vestida con aquel traje que luego sería por y para la Virgen que iba a ser el Amor y la Esperanza de toda Almería.

Por eso eligió el más bonito y cuidado que encontrar pudiera para la boda con el hombre de su vida. Porque la que, como Ella, iba a consagrarse en Amor, merecía lo mejor que estuviera a su alcance. Lo mejor para la Virgen de su vida. El vestido más hermoso para la más Hermosa mujer. Y hasta Madrid se fue a buscarlo.

Aquel pañuelo de Alençón que todavía sostiene la Virgen en las fechas más especiales sabe de la tristeza de la ausencia de tu hijo, Carmen. Y en ese pañuelo está escrita tu forma de entender la vida, aquella que bien pudo escribir tu tío Rafael Alberti:

“Y luego amor, y luego, ver que la vida avanza plena de abiertos años y plena de colores, sin final, no cerrada al sol por ningún muro… Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza, que los años en mí no son hojas, son flores, que nunca soy pasado, sino siempre futuro”.

Gracias, Carmen Belda, por seguir siendo entre nosotros, prenda de Amor y signo de Esperanza.

A continuación suena la marcha «Esperanza en las Puras»:

“Esperanza en las Puras.” Qué hermosa composición de Guillermo Fernández.

ALMERÍA: MI ORILLA DEL TIEMPO

Yo vengo a vosotros, porque vuelvo a Almería.

Cuando vengo a Almería, vengo a mi orilla del tiempo, vengo a mis años de luminosa mirada, de descubrimiento de tantas cosas, del inicio de un camino que siempre es de vuelta.

A ese tiempo me has traído, y con Celia Viñas de nuevo, repito aquellas palabras de su obra más aplaudida “Plaza de la Virgen del Mar”.

En ella, uno de los personajes reclama a la protagonista: “Me parece que te llevas algo de cada uno de nosotros. El mejor secreto”.

Tú, Virgen del Amor y la Esperanza, lo hiciste verdad hace casi cuarenta años, cuando el 15 de octubre de 1984  tu corona de la coronación litúrgica y diocesana fue labrada con la plata que donaron todos los almerienses y que llegó tan puntual y tan justa como se llega a la primera cita con un tesoro en las manos.

¿Dónde estaba yo?

Echándote de menos, a ti y todo lo que significa Almería. Yo aprendí a ser lo que soy en la casa donde levantáis vuestra Cruz de Mayo, la casa de la Universidad a Distancia, aquel patio de la Radio, la Radio de nuestra juventud, la primera que fue capaz de emitir Amor y Esperanza aquella inolvidable noche de Miércoles Santo.

No eran buenos tiempos para la lírica de las cofradías. Es verdad. Pasabais por esa calle Cervantes, tan vuestra y tan mía, haciendo historia. Y es que estáis en la Historia con letras grandes de la Semana Santa de Almería.

No se debe olvidar: la cofradía de los Estudiantes ayudó a ser cofradía a todas las demás. Llegaron los 80 y el palio comenzó a ser la obra de arte que seguimos soñando, con ese proyecto en el que Pablo Cortés del Pueblo ha puesto tanto Amor y tanta Esperanza.

Para ti, Virgen hermosa, siempre lo mejor.

Y yo añado: Para ti, Almería, siempre lo mejor.

Siempre lo mejor de mi, lo más entrañable y lo más querido, lo que signifique de verdad aquello que siento cuando, cruzando Andalucía, peregrino de tus calles y tus plazas, sobrevuelo campos y montañas para venir a buscarte, para encontrarme con tu luz.

La luz de aquella corona de Seco Velasco, la primera sevillana en la Semana Santa de Almería, la luz en la corona de Jesús Domínguez con que te coronaron los hijos de Almería en 1984, la luz con la que tuvo que verte, Virgen hermosa del Amor y la Esperanza, tu hijo San Ildefonso, el obispo de Toledo, que a nadie se le escapa que en Almería está suscrito a la Esperanza.

Por esas coronas que te hacen Reina, pusiste a tus plantas al que hoy es Rey de España, para que junto a sus Hermanas, Camareras Mayores Honorarias, ejerciera el cargo de Hermano Mayor.

Desde 1994 honra a tu Hermandad el título de Real, y poco más tarde el de Universitaria y Concepcionista, componiendo un protocolo singular como corresponde a una cofradía singular y especial, diferente y soñada por tantos a lo largo de sus 75 años de historia.

Los Graduados Sociales, los Peritos Mercantiles y Economistas, algunos de aquellos universitarios que hasta 1994 se vieron obligados a marchar a Granada y los que desde entonces estudian en la Universidad de Almería siguen volviendo a ti su mirada con su lema “In lumine sapientia”, a la luz de la sabiduría. La luz del sol de Portocarrero. La Luz. Almería siempre luminosa y deslumbrante.

El Amor y la Esperanza son la luz de la Semana Santa de Almería. Tu Hermandad quiso, Señora, subir a la Alcazaba cuando la Semana Santa estaba al borde de la desaparición, sin apoyos y sin voluntades a favor de una expresión tan nuestra y tan de todos los que sentimos Almería.

Por unos años, sin saberlo, obedeciste el mandato del Papa Francisco, saliendo a la periferia tornada en cofradía. Primero fue la Santa Misión, y luego este ser cofradía también con los más desfavorecidos, los que estaban lejos del Paseo y de las calles con renombre.

Allí, con tu pobreza que no era menos, fuiste más que nunca Amor y Esperanza.

Yo quiero ser contigo Esperanza y Amor, y quiero llegar hoy donde no puedan llegar las voces de los que lloran y esperan, como canta en mi querida Triana la salve a la Virgen de la Estrella. Yo quiero ser contigo, Estrella que ilumine, lumbre que caldee tantos hogares sin alma ni amor, sin justicia, sin amparo y sin misericordia. Y hasta sin futuro. Ven conmigo siempre Tú, Virgen del Amor y la Esperanza.

O deja que vayamos, que vayamos a ti, con “flores a María” como cantaba en aquellos meses de Mayo en mi Colegio de la Sagrada Familia.

Hoy quiero poner a tus pies 75 rosas, una por cada año desde que llegaste.

75 rosas. 75 años. ¡Pero cómo contar o medir o pesar el cariño de tanto tiempo!

Esta noche vamos a expresarlo con Carmen, ya sabes, quien te regaló su vestido de novia, y un niño de la Hermandad. Pretérito y futuro de un presente, que es hoy y es siempre. Hermosísima gramática de amor a la Madre.

Flores para ti que son besos. Besos para ti, Madre y Maestra.

A continuación suena la marcha «Madre y Maestra de Almería» mientras Carmen Belda, Camarera Mayor Honoraria, Lola Peralta Cantón, en representación de los niños de la cofradía, y Cristóbal Cervantes presentaban una cesta de flores a los pies de la Virgen:

“Madre y Maestra de Almería” es la última obra incorporada al patrimonio musical de Ntra. Sra. del Amor y la Esperanza con motivo del 75 aniversario fundacional de la Hermandad. Su autor es José Morales López, joven miembro de la Agrupación Musical San Indalecio.

LAS FLORES DE LA ESPERANZA

“La Esperanza que es la vida misma de la vida”, dice el Papa Francisco.

Vida expresada en estas rosas .

“Esperanza. Se abre una puerta en el camino. Ya nos llamas. Los golpes llevan lentamente al cielo.

Esperanza. Arrastrando los pies por la tierra te sentimos. Cantan campanillas bajo el palio.

Esperanza. Olor a incienso y en la marcha… Esperanza.”

“La esperanza es el sueño de los que están despiertos”, alguien lo dijo.

Que no acabe este sueño. No puede acabar lo que he vivido hoy con el final de estas palabras. A fin de cuentas, es verdad, “estamos hechos del mismo material del que se tejen los sueños”

Por eso, querido Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Real, Ilustre, Concepcionista y Universitaria Hermandad de Nazarenos de Nuestro Padre de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora del Amor y la Esperanza, quiero decir en la solemnidad de esta Catedral-Fortaleza, que… como un vicentillo del Consuelo con su rosa, cada Miércoles Santo desde el lugar del mundo donde me encuentre, a tí, Reina de los Estudiantes, te llegará un ramo de rosas para que te acompañe en tu encuentro con Almería y los almerienses. Ramo. ¿Te das cuenta, mi Virgen de la Esperanza, que ramo y amor tienen las mismas letras?

Todas estas flores quieren representarnos a nosotros, porque todos somos ofrenda viva, perenne y hermosa a tus pies, donde quiero dejar mis palabras escritas con el corazón… para vestirme de cofrade de los Estudiantes.

En estas rosas, en las que han de venir, en las que quizás pongáis vosotros a sus plantas cuando duela el corazón o cuando la vida vuelva a ser luz y alegría tras este tiempo de prueba, en todas esas flores estaremos.

Cuida tú de nosotros mientras tanto. Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, y muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, Maestro en la Oración del Huerto, para que nos enseñe a tomar el cáliz de esta vida que nos ha tocado vivir.

Viviremos de aquí a una semana, tu día. El Día de la Esperanza.

Y el almanaque nos dice que en solo siete más, estaremos en Navidad. Nos cuesta explicar eso que respiramos en este tiempo que llega. La verdad es que cuesta encontrar palabras para expresar eso que zarandea el corazón: y es que este es un tiempo para estremecerse. Para vibrar de verdad.

Estamos en las vísperas. Ese zaguán que vivimos  intensamente… porque cuando llega lo que se espera, pasa fugaz como un sueño.

Serán días y noches de Paz, Amor y Esperanza. Y de mirar más a los demás.

Hay que mirarnos más. Sentirnos más. En Navidad, ese tiempo de escarcha en las calles y calorcillo en el corazón, y cada día.

Me tengo que ir, aunque tu sabes bien que nunca me voy del todo de Almería.

Pero, antes, a ti que fuiste con tus manos la cuna de Dios te digo…

Señora del Amor, Madre de la Esperanza, Reina de los Estudiantes, gracias por llamarme. Gracias por esperarme. Gracias por recibirme. Aquí me tienes. No me sueltes nunca de tu mano.

Catedral de Almería, 11 de Diciembre de 2021

Fotografías de n.h. José Antonio Muñoz Bosques, José Francisco Siles Cantón y José Antonio Peralta Ruiz